EL GIRALDILLO

Ocio, Cultura y Turismo en Sevilla y Andalucía
DOBLE VARA DE MEDIR EN LA REGULACIÓN DE CASINOS Y LOTERÍAS EN ESPAÑA
JUEGOS

El sector del juego en España vive una realidad dual que ha generado un intenso debate público y jurídico en los últimos meses. Mientras las entidades estatales como SELAE (Loterías y Apuestas del Estado) y la ONCE disfrutan de una amplia libertad para promocionar sus productos en horarios de máxima audiencia, los operadores privados se enfrentan a un laberinto de prohibiciones. Esta asimetría regulatoria ha provocado un efecto secundario inevitable: muchos usuarios, buscando ofertas más competitivas y menos restricciones, han comenzado a explorar casinos online fuera de españa, donde encuentran una flexibilidad promocional que el mercado regulado nacional ya no puede ofrecerles bajo el marco actual.

El terremoto judicial de abril de 2024

La situación dio un vuelco inesperado en abril de 2024, cuando la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo emitió una sentencia que anuló varios artículos clave del Real Decreto 958/2020. Esta normativa, impulsada originalmente por el Ministerio de Consumo, había impuesto un veto casi total a la publicidad del juego privado.

El Alto Tribunal no entró a valorar si el juego es bueno o malo, sino que se centró en la forma en que se aplicó la ley. La sentencia determinó que prohibiciones tan severas, como la captación de nuevos clientes a través de bonos o la publicidad en redes sociales, carecían de la necesaria "cobertura legal". En términos sencillos, el Gobierno intentó limitar un derecho empresarial fundamental mediante un reglamento administrativo, sin tener una Ley de rango superior que lo avalase. Esta decisión fue celebrada por la patronal Jdigital como una victoria del Estado de Derecho frente a la arbitrariedad administrativa.

La publicidad: un campo de juego desigual

La diferencia de trato es visible para cualquier ciudadano que encienda la televisión. Durante las campañas de Navidad o el Sorteo del Niño, la publicidad de la lotería pública es omnipresente, apelando directamente a sentimientos, tradiciones familiares y la ilusión de cambiar de vida. Nadie cuestiona estos anuncios, que se emiten incluso en horario infantil.

Por el contrario, el sector privado sufre restricciones draconianas:

  • prohibición absoluta de patrocinios en camisetas de equipos deportivos;

  • restricción de la publicidad en televisión y radio exclusivamente a la franja de 1:00 a 5:00 de la madrugada;

  • veto al uso de personajes famosos o "influencers" para promocionar sus marcas.

Esta disparidad crea una distorsión del mercado. El mensaje implícito que recibe la sociedad es que el juego es "bueno" si lo gestiona el Estado, pero "peligroso" si lo gestiona una empresa privada, a pesar de que ambos sectores ofrecen productos de azar.

Voces de la industria: "Juez y parte"

El malestar en la industria privada es palpable y sus representantes han alzado la voz. Alejandro Landaluce, director general de CeJuego (Consejo Empresarial del Juego), ha sido una de las figuras más críticas con esta doble moral. En declaraciones recientes, Landaluce denunció la hipocresía de la administración: "No se puede ser juez y parte, y criminalizar una parte del juego y decir que la otra es una maravilla".

Según los portavoces del sector, la estigmatización constante de las empresas privadas no responde a datos objetivos de salud pública, sino a una estrategia política. La industria defiende que el juego es una actividad de ocio normalizada en España, donde más del 80% de la población participa de alguna forma u otra a lo largo del año sin desarrollar conductas patológicas.

El impacto económico real: Impuestos y empleo

Más allá del debate moral, las cifras económicas respaldan la importancia del sector privado. A menudo se olvida que estas empresas son grandes contribuyentes netos. Mientras que las loterías estatales tienen un régimen fiscal diferenciado donde los beneficios revierten al Estado como dividendos, las empresas privadas soportan una carga tributaria múltiple.

El sector privado abona tasas específicas sobre el juego, el Impuesto de Sociedades, el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) y las cotizaciones a la Seguridad Social de sus miles de empleados. Se estima que la industria sostiene más de 85.000 puestos de trabajo directos e indirectos en España. La contribución fiscal supera los 1.700 millones de euros anuales, recursos que financian servicios públicos esenciales como sanidad y educación, un dato que raramente aparece en los discursos oficiales contra el sector.

La paradoja de la protección al menor

Uno de los argumentos más fuertes del sector privado es la seguridad tecnológica. En el entorno online regulado, la trazabilidad es absoluta. Un operador sabe quién juega, cuánto juega, desde dónde se conecta y qué método de pago utiliza.

Sin embargo, existe una contradicción flagrante en la protección de los grupos vulnerables:

  • para jugar online, un usuario debe pasar controles de identidad exhaustivos y verificación documental;

  • en una administración de lotería física, cualquier persona puede comprar un "Rasca" o un boleto con dinero en efectivo;

  • los controles de acceso en salones de juego privados son estrictos, mientras que la venta de lotería en bares o gasolineras carece de filtros de edad efectivos.

Esta realidad demuestra que el entorno privado, paradójicamente, ofrece mayores garantías técnicas para impedir el acceso a menores que el canal de venta presencial del operador público.

Innovación frente a la adversidad

La presión legislativa ha obligado a las empresas a evolucionar rápidamente. Lejos de rendirse, los operadores han invertido fuertemente en tecnología de "Juego Responsable", implementando algoritmos de Inteligencia Artificial que detectan patrones de comportamiento de riesgo antes de que se conviertan en un problema.

Este enfoque tecnológico es una característica distintiva de los nuevos casinos online que aterrizan en el mercado. Estas plataformas de última generación ya no basan su atractivo únicamente en la oferta de juegos, sino en ofrecer entornos seguros, herramientas de autoexclusión integradas y límites de depósito configurables desde el primer minuto, adaptándose a un usuario cada vez más exigente con su propia seguridad.

El horizonte legislativo de 2025

Tras el revés del Tribunal Supremo, el Gobierno no se ha quedado de brazos cruzados. Para 2025, se espera que el Ministerio de Consumo intente elevar las prohibiciones anuladas al rango de Ley, buscando "blindar" las restricciones frente a futuros recursos judiciales. Esto augura un nuevo ciclo de litigios y negociaciones.

Expertos legales advierten que cualquier nueva ley deberá justificar muy bien por qué discrimina entre operadores públicos y privados si quiere pasar el filtro de la Unión Europea. Bruselas vigila de cerca que las normativas nacionales no encubran monopolios estatales bajo la excusa de la salud pública.

Conclusión

La coexistencia entre el juego público y el privado en España necesita urgentemente un marco de reglas claras y equitativas. La protección del consumidor debe ser la prioridad, pero no puede utilizarse como arma arrojadiza para favorecer al monopolio estatal en detrimento de la libre competencia. El futuro del sector pasa por una regulación sensata que elimine la doble moral actual, permitiendo que una industria legal y tecnológica siga aportando valor económico y seguridad a sus usuarios.

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