Hay experiencias que no terminan cuando acaba una obra, porque en ellas el verdadero acontecimiento está en el proceso. Eso es lo que propone la muestra de James Drinkwater nacida de su experiencia en Sevilla y de una relación con la ciudad en la que arte y vida terminan por confundirse. El artista británico se sumerge en el entorno sevillano y transforma sus vivencias, encuentros y emociones en pinturas que funcionan como huellas de un proceso creativo profundamente personal. Caminar, observar, compartir, dibujar sobre un mantel o dejarse sorprender por una ciudad desconocida forman parte de una misma experiencia artística.
En esta inmersión, Sevilla aparece como una ciudad capaz de desarmar las ideas preconcebidas sobre el tiempo y abrir nuevas formas de mirar. Las pinturas se convierten así en el resultado visible de una transformación íntima: una manera de capturar aquello que sucede cuando el arte deja de ser únicamente una obra para convertirse en una forma de vivir. Drinkwater habla de gratitud, de familia encontrada y de un cambio que, paradójicamente, le hace sentirse más él mismo. 200 operas all at once nace de ese estado de apertura y celebra, con intensidad y emoción, el encuentro entre un artista, una ciudad y todo aquello que ocurre mientras se crea.