Inauguración de FACBA 2026.
Festival de Arte Contemporáneo.
El stand de MECA Mediterráneo Centro Artístico en la XVII Edición de FACBA, Festival de Arte Contemporáneo de la Facultad de Bellas Artes articula una selección de artistas cuyas prácticas se sitúan en distintos puntos del campo de la imagen contemporánea, entendida no como un lenguaje cerrado, sino como un espacio de investigación visual en permanente reformulación. Lejos de una lectura homogénea, las obras reunidas evidencian modos diversos de abordar la construcción de la imagen desde la pintura, la fotografía y procesos híbridos, atendiendo tanto a la materialidad como a las decisiones formales que configuran cada propuesta.
Las obras de Francisco Uceda, Toña Gómez, Juan Morante y Rocío Arjona establecen un recorrido plural que no busca unificar discursos, sino poner en relación distintas maneras de pensar la imagen desde la práctica artística actual. Cada propuesta se construye desde una lógica propia, ya sea a través del rigor estructural, la exploración cromática, la fragmentación pictórica o la experimentación procesual, ofreciendo al espectador un conjunto de trabajos que comparten una atención sostenida a la forma, al proceso y a la experiencia visual.
En trabajos como los de Toña Gómez, la imagen se construye mediante la superposición de formas orgánicas y campos cromáticos intensos, generando composiciones de gran densidad visual que remiten a procesos naturales y a estructuras internas más que a representaciones reconocibles. La imagen se despliega así como un espacio envolvente, donde el color y la repetición producen una sensación de movimiento y transformación continua.
La obra fotográfica de Francisco Uceda se centra en el cuerpo como superficie de intervención visual. Sus imágenes presentan figuras humanas aisladas sobre fondo neutro, sometidas a procesos de recubrimiento y transformación material que alteran su apariencia y neutralizan cualquier referencia identitaria. El cuerpo se convierte así en soporte, materia y forma.
El uso del color, aplicado de manera acumulativa o envolvente, introduce una tensión entre atracción visual y extrañamiento. La frontalidad de la composición y la eliminación del contexto refuerzan la presencia de la figura, situando al espectador ante una imagen directa, concentrada y sin relato explícito. La fotografía funciona como registro de una acción y como construcción plástica, en un territorio donde lo corporal, lo escultórico y lo performativo convergen.
La obra pictórica de Juan Morante se construye a partir de la fragmentación del plano y la articulación de formas geométricas que se disponen en equilibrio inestable. Sus composiciones presentan una organización precisa del espacio, donde líneas, ángulos y superficies de color delimitan zonas de tensión y de reposo dentro del cuadro.
El color actúa como elemento estructural, estableciendo relaciones entre planos que se superponen o se interrumpen sin generar una lectura narrativa. Las formas, definidas y contenidas, conviven con áreas de vacío que refuerzan la percepción del espacio y la dirección de la mirada. La pintura se presenta así como un ejercicio de construcción visual, en el que cada elemento cumple una función compositiva clara y autónoma.
La obra de Rocío Arjona se desarrolla desde una pintura de carácter experimental, construida a partir de la superposición de planos, gestos y campos de color que se articulan en un espacio fragmentado. La imagen no se presenta como una escena definida, sino como un entramado de formas y trazos que conviven en un equilibrio inestable.
El uso del color y la pincelada genera contrastes entre zonas densas y áreas más abiertas, donde la materia pictórica adquiere protagonismo. Las composiciones sugieren una tensión constante entre construcción y disolución, entre control y gesto, situando la pintura como un espacio de ensayo visual y de búsqueda formal propio de una práctica en proceso.