Hay figuras que permanecen en los márgenes de la historia cultural hasta que una investigación devuelve su voz y su lugar. Es el caso de Emilia Llanos, intelectual andaluza cuya trayectoria y relación con Federico García Lorca protagonizan la exposición, organizada por el Centro Cultural Generación del 27. La muestra reivindica a esta mujer culta, independiente y profundamente vinculada a la vida cultural granadina de las primeras décadas del siglo XX, al tiempo que reconstruye la estrecha amistad que mantiene con Lorca desde su primer encuentro, en 1918, hasta la muerte del poeta en 1936. Una relación basada en la admiración, la confianza y una complicidad que queda reflejada en cartas, dibujos, dedicatorias y recuerdos.
A través de documentos, fotografías, libros, obras de arte, objetos y testimonios procedentes principalmente del Archivo José Javier García Montero, la exposición se adentra en la personalidad de Emilia Llanos y en el ambiente cultural que la rodea. Entre las piezas más significativas se encuentra la dedicatoria de “Impresiones y paisajes”, en la que Lorca define a su amiga como “tesoro espiritual entre las mujeres de Granada” y “divina Tanagra del siglo XX”. El recorrido amplía además la mirada hacia otros nombres fundamentales de aquel tiempo, desde Manuel de Falla y el Concurso de Cante Jondo de 1922 hasta Ismael González de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí y Andrés Segovia. También recupera el apoyo de Llanos a los jóvenes escritores vinculados a la revista “Gallo”, entre ellos Joaquín Amigo, Luis Rosales y Manuel López Banús.
La exposición presta especial atención a otro capítulo esencial de esta historia: la colaboración de Emilia Llanos con Agustín Penón, quien llega a Granada en 1955 decidido a investigar la vida y la muerte de Federico García Lorca. Llanos se convierte en una de sus principales aliadas y conserva durante décadas un valioso conjunto de cartas, fotografías y recuerdos que permiten reconstruir la dimensión más íntima de aquella generación. Su propio testimonio queda recogido en “Suspiros del pasado”, convirtiéndose en una pieza más de una memoria cultural que continúa despertando nuevas investigaciones.