El cuerpo humano se convierte en territorio de tensión, violencia y movimiento en la obra de Vladimir Veličković (1935-2019), figura fundamental del arte serbio en el panorama internacional de las últimas décadas. La exposición, comisariada por Carlos Ferrer Barrera, reúne más de medio centenar de obras gráficas, entre grabados, litografías y serigrafías, que indagan en la fragilidad física y existencial del ser humano. Sus figuras parecen atrapadas en una carrera sin destino, precipitadas hacia la oscuridad o empeñadas en escapar de una amenaza inevitable, en imágenes que convierten el movimiento en una expresión de angustia y desasosiego.
Organizada en torno a algunas de las principales series del artista, la muestra recorre motivos como los oradores, los nacimientos, las crucifixiones y los estudios anatómicos vinculados a la carrera, el salto y la caída. En estas composiciones, los cuerpos se deforman, estallan o quedan atrapados en entramados de líneas y formas orgánicas donde la crudeza convive con una inquietante belleza. Su lenguaje visual dialoga con la fisicidad desgarrada de Francis Bacon, la experimentación cronofotográfica de Eadweard Muybridge y la intensidad expresiva de Matthias Grünewald, referentes que contribuyen a configurar una visión del cuerpo sometido a sus propios límites.
El salto, la caída y la huida forman un universo plástico en el que cada gesto parece anticipar un desenlace inevitable. La influencia de Muybridge se hace especialmente visible en las secuencias dedicadas a los deportistas y al estudio del movimiento, mientras que las figuras humanas y animales que corren transmiten una sensación persistente de amenaza, como si huyeran de un peligro que permanece fuera del encuadre. Más allá de la representación anatómica, Veličković convierte el desplazamiento físico en una metáfora de la condición humana, marcada por la vulnerabilidad, el miedo y la lucha por escapar del propio destino.