La dimensión política de Pablo Picasso va mucho más allá de la presencia de sus obras en campañas y movimientos sociales. Su compromiso se traduce en una participación directa en iniciativas internacionales contra el fascismo, el imperialismo y la guerra, así como en una defensa activa de la paz que convierte algunas de sus creaciones en símbolos reconocidos en todo el mundo. La exposición Picasso. Propaganda y activismo político, comisariada por Rafael Inglada y Carlos Ferrer Barrera, examina esta faceta del artista y propone una revisión de su trayectoria desde la relación entre creación plástica, acción política y movilización ciudadana.
Alrededor de 130 piezas permiten seguir la evolución de ese compromiso a través de pinturas, dibujos, grabados, litografías, carteles, libros ilustrados, revistas y fotografías, junto a documentos de época: recortes de prensa, publicaciones periódicas y banderolas empleadas en manifestaciones respaldadas por Picasso. La diversidad de materiales permite observar cómo su actividad política se desarrolló tanto mediante imágenes concebidas en el estudio como a través de su participación pública en campañas y organizaciones. Las obras dialogan con documentos que sitúan cada iniciativa en su contexto histórico y ayudan a comprender el alcance de su intervención.
El recorrido comienza con la Guerra Civil española, un conflicto decisivo en la evolución política del artista. En ese contexto nace Guernica, pintado en 1937 tras el bombardeo de la localidad vasca por la aviación alemana e italiana que apoyaba al bando sublevado. Concebido para el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París, el cuadro transforma el sufrimiento de la población civil en una imagen de denuncia que supera las circunstancias concretas de su origen. Su trayectoria posterior lo convierte en una de las representaciones más influyentes de los horrores de la guerra y en un ejemplo de cómo una obra de arte puede adquirir una dimensión política internacional.
La siguiente sección se centra en la relación de Picasso con miembros de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi y en los años posteriores a la liberación. Este entorno contribuye a explicar su creciente implicación en los movimientos antifascistas europeos y su participación en iniciativas que vinculan el arte con la defensa de las libertades. El artista no se limita a expresar sus convicciones mediante la pintura: también emplea su notoriedad pública para respaldar campañas y causas políticas, convirtiendo su propia figura en un instrumento de intervención en el debate internacional.
Las dos últimas salas abordan su compromiso con el movimiento mundial por la paz, cuya expresión más conocida es la Paloma de la Paz. La imagen adquiere una proyección internacional a partir de 1949, cuando Picasso realiza una litografía de una paloma para el Congreso Mundial de Partidarios de la Paz celebrado en París. Desde entonces, el motivo se difunde en carteles y publicaciones y pasa a representar una aspiración compartida por movimientos pacifistas de distintos países. La exposición relaciona este símbolo con Málaga, ciudad natal del artista, con la Casa Natal y con la figura de su padre, José Ruiz Blasco, pintor y aficionado al estudio de las palomas. Esta conexión introduce una dimensión biográfica en la historia de un icono que alcanza una repercusión universal.
La muestra plantea así que el activismo no constituye un episodio secundario de la trayectoria de Picasso, sino una dimensión que influye en su producción y en la recepción pública de sus imágenes. Obras como Guernica y la Paloma de la Paz dejan de pertenecer exclusivamente al ámbito artístico para intervenir en la esfera pública como instrumentos de denuncia, propaganda y movilización. Su capacidad para circular en distintos soportes y llegar a públicos diversos ayuda a explicar que sigan funcionando como símbolos de resistencia, solidaridad y esperanza.
El proyecto reúne préstamos del Museo Reina Sofía, el Museo Picasso Málaga, la colección Joseluis Rupérez, los herederos de André Masson, la familia Arias y diversos coleccionistas privados nacionales y locales. La exposición se acompaña de un catálogo de 223 páginas, con abundantes ilustraciones, un texto curatorial, una cronología extensa de la actividad política de Picasso y una bibliografía específica. La publicación amplía el recorrido y ofrece herramientas para profundizar en una faceta fundamental de uno de los artistas más influyentes del siglo XX.