Diez retratos, casi tres décadas de trayectoria y una galería de nombres propios que dibuja el rostro de la élite española. La muestra pone el broche a los actos conmemorativos del centenario de Félix Revello de Toro con una selección de obras que revela la capacidad del pintor malagueño para captar no solo la apariencia de sus modelos, sino también los signos de distinción, carácter y posición social que los definen. Realizadas entre 1967 y 1993, las piezas recorren distintas etapas de su producción y muestran la evolución de un lenguaje pictórico que combina elegancia, personalidad y atención al detalle.
Entre las obras más destacadas figuran los retratos de la infanta Margarita de Borbón, representada de perfil en 1976, y de su esposo, Carlos Zurita, duque de Soria, que aparece sentado en una mecedora en una actitud distendida en 1975. La muestra también sitúa en primer plano el retrato de María Josefa Alonso-Martínez (1992), imagen de la exposición, donde Revello de Toro actualiza la tradición de los retratos de corte barrocos y decimonónicos mediante una intensa paleta de rojos. El recorrido permite, además, apreciar la evolución técnica del artista desde la pincelada más esquemática del retrato de María Teresa Morenés y Urquijo (1967) hasta la soltura expresiva de sus obras posteriores, junto a efigies como la de Pedro José Torres Olazabal, con uniforme de gala y condecoraciones militares, o las de Lluís Devalls i Trias y Juan Antonio Samaranch, procedentes de la colección de la Fundación La Caixa.
La exposición completa este mosaico de personalidades con el retrato de Carlos Godó Valls (1984), en el que la insignia del Real Club Náutico de Barcelona evoca su vinculación con la vela y con el Trofeo Conde de Godó, así como con los de Alfonso Escámez y su esposa, Aurelia Torres Pomata, ambos de 1993. En el primero, el uniforme académico y las numerosas condecoraciones subrayan una trayectoria profesional marcada por el reconocimiento público; en el segundo, la mirada y las pinceladas sueltas concentran buena parte de la fuerza expresiva del lienzo. Más allá de la representación de la nobleza y las personalidades influyentes, la muestra reivindica el retrato como documento artístico y social, capaz de preservar gestos, símbolos y temperamentos, al tiempo que permite descubrir la evolución de uno de los grandes cultivadores de este género en la pintura española contemporánea.