Exposiciones
Sevilla, 22 de octubre de 2018
Exposiciones
Galerías de Arte
SALA DE ENSAYO
Fecha: Del 13/09 al 09/11/2018
Lugar: GALERÍA ALARCÓN CRIADO.
Localidad: SEVILLA
Dirección: C/ Velarde, nº9
Horario: De lunes a viernes de 11:00 a 14:00h. y de 18:00 a 21:00h. Sábados de 11:00 a 14:00h.
Teléfono: 954.221.613

SALA DE ENSAYO Galerías de Arte

Fecha: Del 13/09 al 09/11/2018 Lugar: GALERÍA ALARCÓN CRIADO. Dirección: C/ Velarde, nº9 . SEVILLA Horario: De lunes a viernes de 11:00 a 14:00h. y de 18:00 a 21:00h. Sábados de 11:00 a 14:00h. Teléfono: 954.221.613

Descripción

Exposición de Pedro G. Romero.

El artista Pedro G. Romero plantea toda una serie de analogías entre los modos de producción del arte contemporáneo y los del flamenco, encontrando numerosas similitudes en la comprensión del arte como un "continuum" de transmisión de tradiciones y códigos que van siendo modificados poco a poco por el uso común y por el reconocimiento de la condición anónima y comunitaria de la base que fundamenta los discursos a lo largo de su evolución histórica y social.   

Lo que se enseña en esta exposición tiene que ver con el flamenco. De alguna manera, Romero ha estado trabajando en este campo desde antes de 1998 cuando Israel Galván estrena Los zapatos rojos en la Bienal de Flamenco. Antes, había presentado sus Sevillanas solteras, por ejemplo, en el Planta Baja de Granada con la colaboración de Chano Lobato o, muy temprana, de finales de los años 80, es su serie de dibujos Fla-co-men.

Al fondo de esta muestra -la primera colaboración que hace Romero en Alarcón Criado- se encuentra Las sabias, el trabajo que protagoniza la imagen gráfica, la cartelería, vaya, de la XX Bienal de Flamenco en este 2018. Un trabajo ecuménico, seguramente una obra de teatro expandido que supone la ampliación de ciertas prácticas artísticas en este soporte visual. Ha sido valiente la Bienal al aceptar este desarrollo, algo fuera de lo habitual en un campo en el que todavía predomina el manierismo estilístico de la firma de autor o la campaña de publicidad o comunicación o de imagen o de medios o de redes, que de todas estas maneras se llama ahora a la propaganda. Las sabias es otra cosa y, si acaso, estando todavía en
desarrollo –Gonzalo García Pelayo empieza en este septiembre una película alrededor de esta Bienal y su imagen, precisamente-, no podemos medir su alcance, que, desde luego, se adentra en la vulgarización de ciertas practicas experimentales.

Pero no es el contenido de Las sabias lo que Romero presenta ahora. Si bien, esta actualidad pública es la que impone, de alguna manera, mostrar algo de lo que el campo flamenco significa en los trabajos de Pedro G. Romero. Así, Sala de ensayo es eso, literalmente, convertir el espacio de la galería de arte en un lugar de experimento. Sencillamente, con los gestos materiales concretos de un tablao, unos espejuelos, unos bancos en los que sentarse, ahí invitamos al espectador a sentarse y entender algo de lo que puede significar abrir un espacio, la apertura a lo ignoto, lo abierto. Y es que se trata de eso, en efecto. Romero ha tenido la suerte  de que ese mismo tablao, ese espacio abierto, fuera acogido por el genio de Israel Galván desde sus inicios. También Tomás de Perrate, Inés Bacán, Niño de Elche, Rocío Márquez, Leonor Leal, Pastora Galván, Cristian Guerrero, Alfredo Lagos, Rosalia, Proyecto Lorca, Emilio Caracafé o Bobote, entre otros, han permitido que, a su lado, en algún momento se instale esa tablaillo a lo abierto. Entendámonos, aquí no estamos hablando de experimentar si no como lugar de experiencias. No se trata de moderneces sobrevenidas, ni de mezclas ni de fusiones ni de ningún desarrollo posmoderno en clave de mestizaje u otras lindezas de esas que apelan al progreso, a la novedad, a la moda de cada momento. Nada de eso. El flamenco ya es moderno, ya es un arte de montaje, ya es un arte de experiencia, no hace 
falta repetir obviedades. Este tablao a quién dispone, a quién enseña, a quién ayuda es al propio Romero, ese es el camino exacto del desplazamiento.

Pensemos en ese espacio como un común, es el mismo que Rosario Escudero puso junto al escultor Jorge Oteiza o Mario Maya en la escuela de los granadinos de Poesía70. Pensemos en los espacios abiertos por Paco Lira en La Cuadra de
Sevilla, por Moreno Galván en la Reunión de la Puebla de Cazalla, por Diego del Gastor en el Cortijo Espartero de Morón de la Frontera, allí mismo, donde Darcy Lange aprendió a tocar la guitarra, esos son los lugares que nuestras maderas evocan. Así, Alarcón Criado, la galería de arte, con la inestimable ayuda de Javiera de la Fuente y Marco de Ana, van a propiciar que  durante unos meses ensayos, lecciones y aprendizajes de flamenco tengan lugar en el espacio abierto entre sus cuatro paredes. Acompañando esta experiencia se han compilado también una serie de piezas, cruces ocasionales entre los trabajos del Archivo F.X., el proyecto que Pedro G. Romero viene desarrollando desde finales de los años 90, y estas zonas de lo
flamenco. Estarán Los mandamientos, el desarrollo que realizó junto a Israel Galván del Decálogo de Vicente Escudero junto a las leyes bíblicas que prohibían toda representación de los divino en imágenes; Las marianas, una edición de los documentos originales que dan cuenta de la fabulosa Saeta y Mariana del Mochuelo, ocasionalmente irreverente, y que han grabado  Cristian Guerrero, Tomás de Perrate y Niño de Elche; Los excéntricos, el remontaje de una escena de Deprisa, deprisa, el film de culto de Carlos Saura, cuando Valdelomar y sus compinches visitan las ruinas iconoclastas del Sagrado Corazón de Jesús de Getafe, centro magnético de las Españas; Los palos, trabajos de carpintería fina que incorporan letras del acervo tradicional, como este clásico por soleá, “la retamas de los caminos se separan por montones, unas sirven para hacer santos, otras para
hacer carbones”; o, finalmente, Los imagineros, un tratamiento de imágenes que siguen al pie de la letra las instrucciones que daba Juan El Camas cuando, por ejemplo, tomaba una foto de la Virgen del Rocío, la besaba, la rompía violenta y ostensiblemente en cuatro o cinco pedazos y repartía los rotos entre sus acompañantes para que los guardaran como un vínculo entre ellos, una vínculo de por vida.

Ya vemos, nada nuevo, nada que no evocaran ya Antonio Machado, Juan de Mairena y Jorge Meneses en su famosa Máquina de trovar, trabajos insertos en una tradición que tiene ya decenas de años, viejos saberes que se muestran ajustados a su espacio de producción original, señas de identidad de los cualquiera, eso, mismamente.

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