El grabado tradicional japonés en madera, conocido como mokuhanga, despliega siglos de historia a través de una técnica artesanal que combina pigmentos al agua, aplicación con cepillos y presión manual mediante el disco baren, sin necesidad de prensas. Desde sus primeros vínculos con la iconografía budista hasta su renovación en el siglo XX con movimientos como Shin-hanga y Sōsaku-hanga, esta disciplina constituye un valioso testimonio visual de la cultura nipona. Su etapa de mayor popularidad llegó durante el periodo Edo, con las estampas ukiyo-e, que retratan desde la belleza femenina de los barrios de placer, plasmada en los bijin-ga, hasta las grandes figuras y escenas del teatro tradicional kabuki y bunraku. Un legado artístico en el que la precisión técnica, el refinamiento estético y la mirada sobre la vida cotidiana convierten cada estampa en una ventana a la historia y la sensibilidad de Japón.