La luz del norte se filtra por un visillo y entra en el estudio de Juan F. Béjar, un espacio donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo y donde cada pincelada nace de una búsqueda constante. La muestra se presenta como una aproximación al universo creativo de uno de los nombres más singulares de la figuración española surgida en los años setenta, un artista que ha convertido la figura humana en territorio de exploración estética y emocional. Su trayectoria, desarrollada a través de numerosas exposiciones en España y en escenarios internacionales, está respaldada por la presencia de su obra en destacadas colecciones públicas y privadas.
El estudio se convierte en esta exposición casi en otro personaje. Allí conviven libros de arte, pequeños objetos, lazos de colores, lápices, carboncillos, pinceles cuidadosamente alineados y una paleta en la que ocres, rojos, negros y una infinita variedad de blancos aguardan para convertirse en materia pictórica. En el centro de ese universo aparecen las figuras de Béjar, personajes enigmáticos, desprovistos de edad y de una identidad evidente, que parecen habitar un territorio entre la infancia, la fragilidad y el misterio. Sus gestos pueden resultar desafiantes, mientras sus miradas, intensas y silenciosas, dejan abierta la interpretación. La música de Bach, Mozart, Chopin o Rachmaninof acompaña además un proceso creativo marcado por la concentración y el silencio.
Una habitación al norte permite adentrarse así no solo en la obra de Béjar, sino también en la exigente relación que el pintor mantiene con el lienzo. Su trabajo nace de una búsqueda de perfección que nunca parece darse por satisfecha y que le lleva a enfrentarse una y otra vez al vacío de una superficie por pintar. Entre la fría luz que entra por la ventana y el fugaz rayo de sol que se cuela desde el sur, el artista encuentra momentos de plenitud que pronto dan paso a una nueva insatisfacción y, con ella, a otro comienzo. Sus personajes abandonan entonces el estudio para iniciar otra vida ante la mirada del público: provocar admiración, rechazo, inquietud o emoción. Porque en ese tránsito entre la intimidad del taller y la mirada ajena reside también buena parte de la aventura de pintar.