#GPS16
Lero procede de Monterrubio de la Serena, un pequeño pueblo del sur de Badajoz con apenas dos mil habitantes. No surge de una escena consolidada ni cuenta con una gran maquinaria detrás, sino con un grupo cercano que acompaña y sostiene el proyecto desde lo colectivo. Su música transita entre el pop, el indie y los sonidos urbanos sin encajar del todo en ninguna etiqueta, y es precisamente esa indefinición la que construye su identidad artística.
Sus canciones se mueven en un territorio emocional que él mismo define como “feliztriste”: temas que reconfortan mientras dejan una melancolía suave, que hablan al niño interior y aceptan la incertidumbre como parte del camino. Lero escribe desde una mirada tierna y desengañada a la vez, con un sonido que dialoga con artistas de su generación como Hens, Walls o Barry B, y con influencias que van del rap alicantino y el spoken word a sensibilidades más pop y de autor.
Su nuevo disco no relata una historia de éxito, sino el reverso: el esfuerzo constante, los intentos que no transforman la realidad, el amor imperfecto y la sensación de estar construyendo algo frágil que, aun así, sigue siendo hogar. En ese paisaje emocional, Lero levanta su propia montaña simbólica, un lugar donde no importa llegar a tiempo ni cumplir expectativas, y donde la ilusión, aunque herida, todavía puede regresar.