Un cantautor debe morir es un disco tan provocador como sincero, que pone en jaque a su propio personaje. En este trabajo, el artista muta hacia una lírica más directa y canciones sustentadas en guitarras eléctricas y grooves orgánicos, sin dejar de lado su sello poético y urbano.
El álbum aborda los vaivenes del amor duradero en canciones como Se marchita, Nuevo firmamento, Conmigo y contra mí o M.O.; el compromiso artístico y la relación con la creación en La buena estrella o Malagueña derrotada; y reflexiones más amplias sobre el paso del tiempo (Subir las apuestas), el desengaño político (Deshacer el mundo) o la pérdida de conexiones profundas en la era de la sobreinformación (La luna y el dedo).
Un cantautor debe morir viene cargado de referencias que van desde el indie rock americano (Unknown Mortal Orchestra, Mk.gee) y el folk alternativo (Wilco, Bon Iver) hasta los cantautores latinoamericanos (Silvio Rodríguez, Jorge Drexler), la tradición andaluza (Kiko Veneno, Los Planetas) y la sensibilidad contemporánea de la Gen Z (Guitarricadelafuente, Pablopablo).