Coloquio con el equipo artístico tras la función del 23 de octubre
Una casa cerrada puede convertirse en un mundo entero cuando el miedo impone sus propias reglas. Esther Garboni sitúa a dos mujeres en un espacio dominado por el silencio, los recuerdos y un secreto que condiciona cada gesto. Una mujer adulta, atrapada en sus propios temores, convive con una joven que empieza a descubrir la necesidad de escapar de aquella atmósfera asfixiante. Entre ambas se abre una grieta por la que se cuelan el amor y el deseo de libertad.
La historia se desarrolla en torno a una vieja casa, un pozo seco, un árbol que parece guardar sus propios secretos y una mentira que ha terminado por convertirse en una forma de vida. El miedo y el amor avanzan en direcciones opuestas mientras las protagonistas intentan enfrentarse a aquello que permanece oculto. La obra explora así las consecuencias de los silencios prolongados y plantea una idea tan dolorosa como liberadora: no es posible comenzar de nuevo sin enfrentarse antes a aquello que nos mantiene atrapados.
Pedro Álvarez-Ossorio dirige y adapta el texto de Garboni, interpretado por Ángeles Ortiz y Marta del Pozo, que sustituye a Marta Serrano. La puesta en escena apuesta por la intimidad para adentrarse en una relación marcada por la dependencia, la culpa y la necesidad de romper con el pasado. El reducido universo de la casa funciona como una caja de resonancia donde cada palabra y cada silencio adquieren peso, haciendo visible un conflicto que se mueve entre lo personal y lo colectivo.
Nido de cristal forma parte del proyecto de Mutábile Teatro, iniciativa surgida en 2025 con una vocación concreta: llevar a escena textos de dramaturgas andaluzas y contribuir a que sus voces encuentren espacio dentro del panorama teatral. La compañía reúne la experiencia de Álvarez-Ossorio con la mirada de creadoras y profesionales de distintas disciplinas, desde una perspectiva transdisciplinar que cruza lo artístico, lo social y lo conceptual. Su apuesta parte de lo íntimo para abordar conflictos humanos de mayor alcance, convencida de que mirar de cerca las zonas más oscuras de una experiencia puede abrir también nuevas vías para comprender los retos de la sociedad.