La exposición de Rubén Guerrero (Utrera, Sevilla, 1976) en el Centro José Guerrero profundiza en las constantes que articulan su trayectoria: el conflicto permanente entre imagen y pintura, entre lo que se percibe o se piensa y su traducción visual. Esta tensión, entendida como motor creativo, atraviesa un proyecto que sitúa al espectador ante el propio proceso de trabajo del artista, desde grandes cuadros de fuerte presencia física hasta las maquetas que le permiten fijar y depurar conceptos pictóricos.
Lejos de una planificación cerrada, la obra de Guerrero surge del deseo y la curiosidad, combinando intuición y control en un equilibrio preciso. El recorrido se centra principalmente en su producción de los últimos cinco años y muestra una ampliación significativa de su lenguaje, con la incorporación de una nueva serie más abstracta y esquemática vinculada a diagramas de movimiento. La convivencia entre obras muy elaboradas y otras más contenidas genera un diálogo fértil de contrastes, revelando una pintura en constante cuestionamiento y expansión.