La exposición reúne dos conjuntos excepcionales de joyas que, pese a compartir la consideración de «tesoros» y haber ingresado en el museo en 1926, pertenecen a contextos históricos, culturales y cronológicos muy diferentes. Propone un recorrido por dos momentos de transformación e inestabilidad de la historia peninsular: el proceso de romanización y el final del mundo visigodo.
El denominado tesoro de Los Almadenes, hallado en el entorno de la mina homónima, en el término municipal de Alcaracejos (Córdoba), presenta una marcada tradición céltica. El conjunto está formado por diversas piezas de plata, entre ellas vasos, fíbulas, torques, brácteas y fragmentos de cadenas, además de cerca de un centenar de denarios romanos fechados entre mediados del siglo II y mediados del siglo I a. C. Su ocultación se sitúa con posterioridad a esta última fecha, en un contexto histórico aún por determinar, y constituye un interesante testimonio de los contactos y transformaciones que se producen en Hispania durante este periodo.
La muestra presenta también una selección del tesoro de Torredonjimeno (Jaén), fechado en época visigoda, en torno al siglo VII d. C. Se trata de un conjunto de carácter litúrgico compuesto por cruces lisas, repujadas y decoradas con piedras preciosas, fragmentos de láminas con inscripciones, perlas y colgantes, relacionado con otros grandes conjuntos de orfebrería visigoda, como el Tesoro de Guarrazar. El hallazgo estuvo marcado por diversos avatares que provocaron su fragmentación y la pérdida de algunas piezas, por lo que actualmente se encuentra repartido entre varias instituciones, con grupos conservados en el Museu d’Arqueologia de Catalunya, el Museo Arqueológico Nacional y el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.
Ambos tesoros fueron ocultados en momentos de incertidumbre, lo que aporta una dimensión histórica especial a las piezas expuestas. En el caso de Torredonjimeno, su ocultación se relaciona con el contexto de inestabilidad generado por la llegada de los musulmanes a la península Ibérica a comienzos del siglo VIII. La exposición permite así contemplar dos conjuntos de gran valor arqueológico y comprender, a través de sus objetos, algunos de los principales procesos de cambio que marcan la Antigüedad y la Alta Edad Media en Hispania.