Abián Díaz está en este show con un único propósito: hacer que el público ría de tal manera que, en algún momento, sientan la necesidad de abandonar la función por falta de aire. Sin embargo, una vez fuera, se encontrarán con la duda de si regresar o no a sus asientos, sabiendo que, en cuanto entren nuevamente, la risa les dificultará aún más el respirar. Y será en esa dualidad, en el hall del teatro, cuando se den cuenta de que la decisión de haber asistido al espectáculo fue una de las mejores que pudieron haber tomado. Algo así está ocurriendo, más o menos.