FLAMENCO
LA REVISTA "LA MUSA Y EL DUENDE" DEDICA SU NÚMERO 43 AL CANTAOR MIGUEL VARGAS
Por
José Cenizo Jiménez
Post #119

Hola. La revista "La musa y el duende", que dirige José Luis Navarro, dedica su número 43 de julio al cantaor Miguel Vargas, por lo que le estoy muy agradecido. Ocupa la foto de portada (de Paco Sánchez), José Luis le dedica el editorial, una selección de fotografías de diferentes autores (José Lamarca, Beni de Paradas, Paco Sánchez, etc.) y, por mi parte, escribo el artículo "CLASICISMO Y ACTUALIDAD DE MIGUEL VARGAS A LOS VEINTICINCO AÑOS DE SU FALLECIMIENTO". Espero que os guste. Lo puedes recibir en PDF en tu correo enviando un gmail con la palabra "Suscripción" a lamusayelduende@gmail.com

Gracias. Abrazos y feliz verano.

Foto: Portada de la revista con foto de Paco Sánchez.

 CLASICISMO Y ACTUALIDAD DE MIGUEL VARGAS

A LOS VEINTICINCO AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

El cante por derecho (Semblanza del cantaor Miguel Vargas, 1942- 1997), así titulábamos el libro sobre la trayectoria y significación de Miguel Vargas, que, con prólogo de Emilio Jiménez Díaz y colaboraciones de Máximo López Jiménez y Antonio Bascón Torres, editó el Ayuntamiento de Paradas (Sevilla) en el año 2010.

Se cumplen veinticinco años del fallecimiento del cantaor, nacido en La Puebla de Cazalla (Sevilla), aunque su vida ha transcurrido en Paradas, pues su familia se trasladó allí cuando él tenía muy pocos años.

Obligatorio es preguntarnos por la vigencia y actualidad de su obra, por su significación, como hacíamos en el libro. Miguel Vargas era y es, por su cante por derecho, un cantaor clásico. Respetó los cánones, la tradición, haciéndolos suyos, pero cantando con personalidad. Su voz era muy flamenca, nada estridente, se le entendía lo que cantaba, no buscaba efectismos a través de falsetes, de vocalismos hiperbólicos o de impostar la voz hacia un eco más grave. Su voz y su tonalidad eran auténticas, naturales, como lo que era él mismo: un hombre transparente, de campo, un artista noble e íntegro, acostumbrado a la fatiga y a llevarla con dignidad.

De su valía artística, ahí está, como afortunada herencia, la discografía, las grabaciones en directo. Y su carrera de unos treinta años en madurez y ascensión continuas, llena de actuaciones importantes, de grabaciones, de premios, de homenajes: premios (premio por seguiriyas del Concurso de Mairena del Alcor en 1968 y premio en Archidona (Málaga), Yunque de Oro de la Tertulia Flamenca de Ceuta, Trofeo Zapata de Melilla; varios discos LP, single, casete o CD; cantó en muchos lugares del mundo -Francia, Inglaterra, Portugal, Holanda, Sudáfrica…-; saboreó el éxito en los Teatros Olimpia de París, Teatro de la Villa de Madrid, o Lope de Vega de Sevilla (inolvidable esa seguiriya que cantó con Perico del Lunar en la Bienal de 1980), entre otros; en el Tablao Zambra de Madrid, donde ocupó el puesto dejado vacante por Enrique Morente, convivió con Rosa Durán, Pepe El Culata, El Sordera, Pericón de Cádiz o Perico del Lunar y recibió el magisterio de artistas como Juan Varea y Rafael Romero “El Gallina”; ha cantado en la Gala de UNICEF, y ha pisado firme el escenario de numerosos centros culturales, universitarios y peñísticos, así como de importantes festivales de verano, en los que era muy apreciado por su cante por derecho. Y lo más importante: homenajes en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona)  -donde existe la Peña Cultural Andaluza “Miguel Vargas”-, Morón, en Arahal, en Palma del Río, en La Puebla de Cazalla, en Hinojos, en Mairena del Alcor o en Paradas. Merecidos frutos para quien ofreció tanta hombría de bien y tanta calidad y coherencia cantaoras y profesionalidad ofreció.

Miguel ha tenido muy buenos maestros. Su escuela es, básicamente,  la de Antonio Mairena, pero sus miras son más amplias (Rafael Romero, Juan Varea...). Mairena le guía en la ejecución de los estilos llamados básicos -soleares, seguiriyas, tonás, martinetes, por extensión tientos- en los que Miguel apenas tenía rivales en vida. Pero no se detuvo en un mairenismo excluyente y restringido, pues la gama de estilos que canta es abundante, es un cantaor largo (veinticuatro palos diferentes grabados al menos), aunque uno fundamental, la bulería, ni lo toca, no le va a su temperamento ni a sus vivencias.

Si es un maestro de los estilos básicos, amén de gran intérprete de malagueñas o tarantos por ejemplo, otro de sus méritos es el de recuperador y dignificador de muchos estilos en desuso, olvidados o desprestigiados, tales como rondeñas, peteneras, cañas, marianas, garrotines, serranas, livianas, bamberas o campanilleros (y quería grabar una farruca, con letra nuestra, que nos pidió, pero la muerte lo impidió). A los llamados un poco despectivamente “aflamencados o folclóricos” les infundió jondura y perfección definitivas y contribuyó a su difusión.

Incluso en la elección de las letras era clásico, sereno, equilibrado, sin querer llamar la atención por algo externo al propio cante. Sólo al principio cantó alguna letra con fondo reivindicativo, con una arrolladora naturalidad, por algunos festivales, en los convulsos años setenta del siglo pasado, durante la transición de la dictadura a la democracia:

Que tos venimos al mundo

con la misma libertá,

y si nos cortan las alas

con qué vamos a volá.

 

No parará hasta que mueran

los gritos por esos montes,

qué justicia hay en la tierra,

cómo abusan de sus hombres.

Pero luego, como analizamos en el capítulo “Vida y poesía en el cante de Miguel Vargas” del libro, prefirió letras de amor y desamor, de agonía, de sentencias, y las bordó, desde la soleá a la malagueña o a la conocida mariana “La puerta entorná”.

Miguel ha cantado lo que es, lo que siente. Por eso será eterno. Recordemos los temas fundamentales en su cante. Primero -porque es la esencia de su carácter- la sentenciosidad de muchas de las letras -en grabaciones de Francisco Moreno Galván y al final de José Luis Rodríguez Ojeda, de alguno más en actuaciones en directo- que nos ha dejado.

Por soleá:

Por muchas cosas que veo

yo nunca hablo mal de nadie,

lo hago porque no quiero

que de mí tampoco hablen.

Los pasitos que estoy dando

son los que tengo que dar,

y si son buenos o malos

a nadie le importa na.

...

Algunas cosas no busco

aunque me den la gloria,

que no siendo de mi gusto

lo más bendito me sobra:

...

Este mundo está mal hecho

con engaños y mentiras

desde los mismos cimientos.

Por cartagenera:

Palabrita que yo diera

ni papel ni pluma quiero,

sin firmarla la mantengo

y atrás no podría volverla

ni el Dios de los firmamentos. 

Por seguiriya:

Mentira es el mundo,

mentira parece,

que por mu poco de una mano a otra

la verdad se vende.

Otro gran venero temático de su legado es el dolor, las penas que trae la vida y la búsqueda del alivio:

Por soleá:

Se queja el corazón mío

de las penas que yo paso,

porque estos no son latíos                           

sino golpes de quebranto.

Lleva esta pena conmigo

tantos momentos pasaos

que ya le tengo cariño.

Por seguiriya:

Ábreme las mías entrañas de mi cuerpo

y verás mis penas

que por tu culpa estoy juntando la una y la otra

como una caena.

Quien no tenga penas

las tendrá guardas,

porque yo veo que penas to er mundo

las tiene sobras.

...

A contarme sus penas

no me venga nadie,

que yo a nadie las mías les cuento

y esas sí que son grandes.

Por petenera:

No sé cómo tantas penas

a mi corazón le aguanta,

será porque las que llegan,

alma mía qué dolor,

será porque las que llegan

las otras sitio le hacen.

El dolor nos lleva a la muerte, otro pilar universal básico, unido al amor muchas veces. Por seguiriya ha herido de por vida a muchos como nosotros, preguntemos si no a los aficionaos. Aquí una letra de liviana y serrana:

Me subí a un arbolito

por ver la senda

por donde se llevaron

mi compañera.

Por mariana nos recordó unas escenas de amor, en torno a la puerta, donde antes se pelaba la pava, que han caído en desuso: “Cuando tu madre te llame / entorna la  puerta / haz que suene la llave / y déjala abierta...”. Hermosas letras de amor son, por ejemplo:

 Por soleá:

En cualquier cosa que hacía

me mostraba su querer,

a la puerta se asomaba

hasta verme a mí trasponer.

Por rondeña:

Déjame tú el marinero

de subir al palo mayor

pa poner encima un letrero

que diga a la luz del sol

la quiero porque la quiero.

Y, por último, no nos olvidamos de su condición de enamorado de su patria adoptiva, Paradas, y de sus paisanos (y paisanas). No olvidamos su famosa petenera:

Vente conmigo a Pará

y serás la paraeña

de más casta y bien plantá

que entró por aquellas puertas.

Ni esa rondeña en la que dice que le ablandó el corazón una buena mujer, Clemencia, su esposa y madre de sus hijos Fernando y José María:

 

Frente a metales y piedras

mi corazón no se ablanda,

sin embargo lo quebrantan

tus ojillos, paraeña,

contigo qué poco aguantan.

En cuanto a los artistas, no sólo contó con la amistad de muchos, sino con la admiración artística. Diego del Gastor lo buscaba y lo admiraban José Mercé, Camarón, Antonio Mairena… Incluso artistas de la canción, como José Luis Perales, con quien coincidió en una fiesta privada en el Club Náutico de El Puerto de Santa María (Cádiz). Perales lo escuchó cantar y se entusiasmó con Miguel. Y uno de los miembros de Los Panchos, con quienes participó en una gala de UNICEF, le dijo: “Usted canta bien, yo hablo”. Todo un halago. Tuvo amistad firme con Curro de Utrera y los hermanos Soler (Isabel y Pedro), así como con su guitarrista José Luis Postigo. Muchos son los que destacan a Miguel por su obra y su personalidad, subrayando a la vez su austeridad y seriedad profesional y su buen carácter como persona, como amigo. Así, José Parrondo, Marcelo Sousa, Rubito hijo y tantos otros.

Algunos de ellos le han homenajeado explícitamente en sus grabaciones. José Parrondo le dedicó un cante, aires abandolaos, con letra de José L. Rodríguez Ojeda, con la guitarra de Manolo Franco en el CD “Lucero de Andalucía” (Ediciones Marita, 2005). Rubito hijo le ofrece todo un CD, “Entre la Puebla y Paradas. Disco homenaje a Miguel Vargas”, editado por Fonoruz en 2008, donde hace las mismas letras de Moreno Galván que cantó Miguel por petenera, mirabrás, seguiriyas, garrotín, mariana, malagueña, soleá o martinete, más un fandango de Paco Delgado y un romance de Máximo López, “Entre la Puebla y Paradas”, que da título al CD y que reproducimos en la “Corona poética” del libro.

Asimismo, podemos citar como seguidores del cante de Miguel a otros artistas como Antonia López, de Almería, que borda la malagueña o la mariana “de Miguel”; Javier Rivera, con ascendientes familiares compartidos con el artista, cantaor que no olvida nunca hacer “algo” de él; Pedro Sanz, que en su discografía incluye una mariana cuyo modelo es la de Miguel, o los cantaores paradeños Joaquín Ramírez “El Bicho”, Manuel Morilla, Joaquín Pastor “El Chinga”, Manuel Reina, Rubito de Pará, o las cantaoras Lidia Rodríguez y María Hurtado, entre otros, y últimamente habría que añadir a algunos más de gran jondura como Manuel Romero o Manuel Castulo. Es una especie de pequeña “escuela de Miguel Vargas”, de artistas convencidos de su categoría como cantaor. Y ahí encontramos el mejor aval de la vigencia y la actualidad de su obra. A través de ellos sobrevive, como a través de los muchos aficionados que siguen escuchando sus cantes. Por fortuna, en los últimos años se han  reeditado muchas de sus grabaciones en formato CD, y además la Federación de Entidades Flamencas de Sevilla nos hizo un regalo impagable: tres cedés con cantes inéditos, en directo. Toda una garantía para seguir conociendo su obra.

Hoy se dice que todo está en Internet. Baste pulsar el nombre de nuestro artista para que (salvando el hecho de que hay otros flamencos con ese nombre, como el guitarrista extremeño) nos salten páginas donde comprar una grabación suya u obtener información sobre su vida y obra.

Por otra parte, la peña flamenca que lleva su nombre, en Paradas, le viene  dedicando un homenaje cada año a finales de junio, en el aniversario de su muerte (26 de junio), con ofrenda floral en el cementerio, una misa en su honor y conferencias y recitales de importantes artistas. Hay una página web de la entidad, gracias a Roberto Suárez cuando era secretario de la misma, una forma más de universalizar el legado de Miguel, más accesible así para las nuevas generaciones (enlace  https://pcfmiguelvargas.jimdofree.com/miguel-vargas/).

Los críticos hablaron muy bien de su personalidad cantaora. De los comentarios que reproducimos en el libro extraemos como muestra dos, los de Ángel Álvarez Caballero, crítico de El País ya fallecido, y José Luis Ortiz Nuevo, exdirector de la Bienal y escritor:

Ángel Álvarez Caballero: “Miguel Vargas es uno de esos cantaores que afrontan lo jondo dándole a este arte la máxima dignidad, con plena conciencia de que ofician una ceremonia única y trascendente”.

  1. Luis Ortiz Nuevo, en el CD “Al aire mis ilusiones”: “Señor del equilibrio, dueño de la llave de la mesura, hermano de la lucidez sin estridencias, hijo de las entrañas campesinas que ríe sólo lo preciso, amigo de la luz que no se vende por lo que quieran darle, cantaor de una pieza, clásico de un arte clásico; que cuando se abre y su garganta suelta lo que lleva dentro, vuela por los tercios como viento que sobrecoge, asombra y emociona”.

Y los poetas que participaron en la Corona poética publicada en la revista El Olivo en febrero de 1998. José Prada le dice: “Lo dio todo en el escenario, / a veces a cambio de na, / así era Miguel Vargas, / un gran artista inmortal”; Lola Rodríguez Cortés:“Es pura la pureza de tu voz, / duende y compás su cante derrama / y brota el sentimiento de sus venas / bordando filigranas al son de una guitarra”; Manuel Lozano Bascón: “Allá por el firmamento / le va alumbrando una estrella, / para sentirse contento / él le va cantando a ella”; Máximo López: “De los ricos manantiales / brotó tu fuente de cantes: / seguiriyas y soleares”; Bernardino Reyes: “Dicen que Miguel ha muerto / pero yo no me lo creo, / él estará con nosotros / para siempre en el recuerdo”; Rosario Pascual Lira: “Cuando cantaba a Pará, / Miguel Vargas se crecía, / por los ojos le salía / llamarada enamorá /que en el aire se prendía”; Bernardo Estepa: “Y acuden tos los flamencos, / que viven por las estrellas, / que ha llegao Miguel Vargas / y se merece una fiesta”; y tantos otros que amablemente ofrecieron sus versos o sus palabras a su persona y a su arte, reproducidos de nuevo en nuestro libro.

 

Todos lo echamos de menos. Muy especialmente su familia, sus amigos y los miembros de la Peña que lleva su nombre. Su presidente, Manuel Martín Alcaide, apuntaba con melancolía pero a la vez con fortaleza cuando lo perdimos: “La Peña, sin Miguel, debe seguir caminando, aunque se nota su ausencia”.   

A Miguel le preguntó Manolo Bohórquez en una entrevista para El Correo de Andalucía (19-2-1985) qué le gustaría que dijeran de él dentro de cien años. El cantaor respondió: “Algo muy sencillo: que en Paradas había un gachó, que nació en La Puebla, que hacía muy bien los cantes, los puros. Y que fue mu honrao”. Exacto y hermoso epitafio y resumen de su vida y su significación.

 

 

 

 

 

 

 

 

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