LITERATURA
MEMORIAS DE ANTONIO RODRÍGUEZ ALMODÓVAR
Por
José Cenizo Jiménez
Post #63

Hola. Os dejo este comentario del libro de memorias del escritor Antonio Rodríguez Almodóvar, por si es de vuestro interés. Lo he publicado en la revista digital de cultura Luz Cultural,  https://www.luzcultural.com/memorias-de-un-hombre-de-investigacion/  Os recomiendo la lectura de la obra. Saludos cordiales y feliz septiembre.

 

Antonio Rodríguez Almodóvar, Memorias del miedo y el pan, Madrid, Alianza Editorial, 2018.

                                   MEMORIAS DE UN HOMBRE DE INVESTIGACIÓN

                                                                       José Cenizo Jiménez

A la significación de Antonio Rodríguez Almodóvar (Alcalá de Guadaíra,

-Sevilla-, 1941) es posible acercarse desde diferentes aspectos, analizando su labor como profesor de instituto y de Universidad (de la que fue expulsado por su lucha antifranquista), Doctor en Filología, estudiante de marino mercante, político significativo en Andalucía durante unos años (Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de  Sevilla cuatro años desde 1979, con el PSOE), cargos diversos (Director General de Renovación Educativa, Director del Pabellón de Andalucía en la Exposición Universal de 1992, director de la Revista Demófilo), articulista, creador literario (poesía, novela…), pero la faceta que más descataríamos, de ahí el título de nuestra reseña, es la de la investigación, a veces oscurecida por otras como la política.

Antonio es un maestro de la investigación, recuperación, edición y divulgación de los cuentos populares (Cuentos al amor de la lumbre, Cuentos de la media lunita…, reeditados ampliamente), pero además también ha investigado y publicado sobre otros temas como la estructura de la novela moderna o Antonio Machado.

            Nos queda la vertiente que es más difícil conocer: la personal, la  familiar. Y ahora, en este libro de tan sugestivo título, Memorias del miedo y el pan, con excelente foto de portada (aparece un pan y un libro en medio, y en la contraportada aparecen restos de pan y unas balas), nos acerca a su niñez y adolescencia, a su familia.

“A todo lo largo de mi niñez,  y aun después  de haber alcanzado  un mediano uso de razón, estuve escuchando una infinidad de historias  estupendas…, así empieza esta rememoración, este traer de nuevo al corazón (recordar es eso) un conjunto de retratos familiares (de amplio y variopinto árbol genealógico) que continuamente están enhebrados con sucesos, anécdotas que sirven de gozo al lector, pues de no ser así la quizá prolija descripción del citado árbol resultaría menos llevadera.

Se centra en la infancia , “más larga que la vida”, como cita recordando a Ana María Matute, dura por el contexto político social de la posguerra (siempre intercala opniones contra la dictadura) y difícil también por no pertenecer a una familia pudiente, aunque, como recuerda, y es uno de los motivos recurrentes de la obra, hubo antepesados de mayor categoría social, un “virrey” de Filipinas… Casi una leyenda que condimenta el libro y condiciona ciertos aspectos de su entorno familiar.

Rodríguez Almodóvar nos introduce de lleno en sus primeros años de vida con un enfoque cercano, un estilo directo y ameno. No busca sino estar muy cerca del lector, como cuando se cuenta un cuento (y él lo hace en sus conferencias). Pero este cuento es el de su vida y la de su familia. Eso sí, hasta la adolescencia. Nos quedamos, pues, tras estas 463 páginas, con ganas de otras tantas sobre su evolución posterior, donde hay episodios que sin duda resultarán atractivos, como el de la lucha antifranquista junto a personajes como Felipe González, los años de estudios y de profesión como docente, la experiencia como Teniente de Alcalde de Sevilla -sus entresijos políticos, logros y frustraciones-, el afán de investigación de los cuentos -de tan buen resultado-, etc.

Seguro que ya está en ello y que lo veremos pronto. En tanto, sírvanse de este libro de memorias de un hombre de acción -al menos política y cultural- y, sobre todo, de investigación, que rememora el entorno mítico de Alcalá de Guadaíra (o Guadaira, como escribe) con su paisaje y su paisanaje, y la cara y la cruz de su familia, como todas las familias llenas de historia y de historias. El mérito, como aquí, está en saber contarlas.

Por lo demás, es un libro que invita al goce de vivir (representado en la infancia, “el hilo de la alegría, el mero goce de existir”, p. 217), a la denuncia de toda barbarie (la de la dictadura, la de algunos curas del colegio…), a la diatriba contra la muerte -que, como dice, es una estúpida que lo único que sabe hacer es esperarnos, y que ocupa un papel relevante en estas páginas por la muerte de su padre-, etc. Contar, recobrar lo que algún día tal vez nadie recordará, pero siempre con un espíritu muy abierto y muy ponderado (también elogia a los que se portaban bien). El miedo a la verdad, nos dice, es el peor de todos los miedos, y en este libro hay mucha verdad, escrita sin pretensiones, con calidez humana, con elegancia y mucha cercanía al receptor.

No sólo es el libro de su familia, sino que se hace una suerte de retrato social de la época (la descripción de las trabajadoras de la fábrica de aceitunas está llena de precisión y cierto lirismo). Incluso se añaden al final del libro apéndices con, por ejemplo, recetas culinarias de la localidad. En definitiva, la vida de un niño recobrada por el adulto con la conciencia de haber vivido siempre en un contexto, en este caso, no siempre fácil, aunque el niño, como dice, siempre sabe vivir el presente y sacarle partido a cada momento. Y esa es la verdadera lección de esta obra.

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