LITERATURA
SE VA AGOSTO Y LLEGA OTRA VEZ SEPTIEMBRE
Por
José Cenizo Jiménez
Post #61

Bien, se acabó. Todo lo que empieza acaba y es necesario que sea así para algo nuevo dé comienzo. Así es la vida, este misterio tan insondable. Hace unos años publiqué un libro de prosa poética, Otra vez septiembre. En él había dos textos que aludían a agosto y otro que se refería a septiembre. Los dejo aquí por si os apetece reflexionar sobre lo ya pasado (agosto) y lo que está llegando con sus esperanzas y temores (septiembre). Ah, y ánimo a los que vuelven al trabajo. Siempre hay algo peor, ¿no? Saludos cordiales. PD. El texto de septiembre puede verse en el enlace que copio a continuación, leído y montado con gran acierto, a  mi parecer, por el poeta y profesor Juan Peña Jiménez. https://www.youtube.com/watch?v=Pc07HW-mjuQ

AGOSTO

    Agosto es el mes de la inmortalidad. El calor ablanda los cuerpos y aletarga cuanto hierve. La siesta es el reino de lo infinito, un cielo de sombra amable mientras, fuera, un dolor amarillo araña la cal y desmaya los tallos.

    Pero, ¡ay!, los jazmines... Al atardecer, abren su perfume, negado al sol que ahora desciende de nuevo en el horizonte. Basta una mirada sobre las cosas para escuchar en la brisa el paso de tus pies desnudos...

LA ROSA DE AGOSTO

    Mirad el empuje de esa rosa de agosto. Es otro milagro del Sur: una estampa solitaria de primavera, en la divina sombra del huerto, cuando en los campos se derriten las vides y los olivos.

    Qué ilusión pujante la de esta rosa, a destiempo. Así también existe una esperanza constante al sur de mi corazón.

OTRA VEZ SEPTIEMBRE

   Con septiembre llegan las primeras lluvias. Toda la casa se llena de olor a tierra mojada -tópico de poetas, pero verdad-. El chapuzón inesperado nos coge en manga corta y alegres en nuestros vivos colores del verano. Quién no se ha visto alguna vez, de repente, en septiembre, empapado de lluvia, de la nostalgia de lo que se va y la esperanza de lo que llega. Sólo se vive cada año un solo septiembre, y nos enfrentamos a él sin paraguas, con los racimos del ocio aún frescos, triste el vino y un poco el alma. De este rotar de estaciones el mejor poeta es la naturaleza, con sus versos circulares de escar­chas, lluvias, ro­sas y rastrojos. El poeta sólo es un pobre diablo que, a cambio de unos versos, vende su alma a septiembre.

 

 

 

 

 

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