La galería Alarcón Criado inaugura una nueva exposición de los artistas Alegría y Piñero, la muestra reúne una selección de obras inéditas bajo el título ABOA(C)AOBA.
Alegría y Piñero es un tándem artístico formado por Alegría Castillo Roses (Córdoba, 1985) y José Antonio Sánchez Piñero (Chiclana de la Frontera, 1975). Desde 2009 desarrollan proyectos de largo recorrido en los que exploran estrategias formales y conceptuales en torno a la relación entre imagen, lenguaje y percepción. Su interés por el movimiento en las artes les ha llevado a investigar el cine experimental y sus orígenes, así como a concebir dispositivos ópticos y sonoros que expanden la experiencia de la escultura hacia lo performativo. La fenomenología del habla les condujo, además, a desarrollar una serie de esculturas parlantes y a profundizar en las posibilidades del palíndromo como motor de formas y relatos, proyecto en el que actualmente siguen inmersos. A partir de rigurosos procedimientos de trabajo, cada una de las partes que componen sus obras obedecen simultáneamente a diversas funciones, articulando un complejo sistema interno dotado de identidad propia.
Su trabajo se ha mostrado en numerosas instituciones y programas expositivos, entre ellos La Casa Encendida, el IVAM de Valencia, Tabacalera en Madrid o el C3A de Córdoba, y forma parte de colecciones públicas y privadas como CAAC Sevilla, Fundación ARCO, Fundación Unicaja, MUCAC Málaga o DKV. Próximamente, su obra podrá recorrerse ampliamente en la exposición que el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) les dedicará en 2027.
ABOA(C)AOBA
Investigar mecanismos de creación, capaces de sonsacar una expresión propia de la materia, ha sido una constante en nuestro proyecto. Durante años hemos producido esculturas que, literalmente, hablan con voz propia.
Para esquivar una subjetividad, que fundamenta la imaginación en la noción de inspiración, a menudo nos hemos autoimpuesto reglas estrictas de creación, desarrollando procesos condicionados que nos sitúan en perspectivas inesperadas. En los juegos retóricos —y en particular en el palíndromo— hemos encontrado un territorio fértil desde el cual construir mundos autónomos y descubrir imágenes y escenas que emergen, más allá nosotros mismos, del fondo mismo del lenguaje.
En esta búsqueda hemos identificado materiales palindrómicos, es decir, materiales cuya nomenclatura se lee igual en ambos sentidos y que son autorreferenciales, como el oro, anilina o haya. Pero también hemos descubierto, en las palabras que nombran los materiales, imágenes que nos desplazan hacia otros lugares: un rey oculto en el h(ier)ro, una dama en la l(a mad)era, una boa en la c(aob)a o una pitón en la cia(notip)ia. Como en una balanza, a un lado colocamos la lista de materiales y, al otro, va emergiendo un enunciado que resulta ser la descripción precisa de una escultura. Ambos mantienen una estructura simétrica que exige un equilibrio constante para conservar el sentido en ambos lados. En la mayoría de los casos es necesario concatenar materiales para que el sistema funcione a nivel estructural y sintáctico.
Por ejemplo, al leer la siguiente lista de materiales —hierro, maderas (hueca), jade, cobres, boli, flauta, hierro (torno)— surge la oración: Honro torre y a tu alfil observo. ¡Ceda jaque! ¿Usaré dama o rey? El enunciado remite de forma inequívoca a una partida de ajedrez.
A partir de ello creamos una escultura que escenifica la oración exclusivamente mediante los materiales de la lista: una báscula de hierro —con enganches de madera hueca— sobre la que se disponen dos tableros de ajedrez de madera, dibujados con boli. Sobre ellos se sitúan reyes de hierro torneado y cobre; damas de madera y jade; torres de hierro; y alfiles tallados en una flauta. Dos partidas simétricas en las que la posición de las piezas recrea sendos jaques. Cada pieza ocupa una posición precisa, determinada tanto por las reglas de movimiento como por su peso.
Crear desde este lugar —en el que damos literalmente la vuelta al material— nos sitúa en un espacio nuevo y estimulante para la creación. Las atribuciones simbólicas, estéticas o afectivas tradicionalmente asociadas a los materiales quedan aquí relegadas. Se construye así un orden interno, una lógica propia a la que la obra se debe, y que deja entrever un nuevo vínculo entre palabras y cosas, entre imágenes y lenguaje.