Hay paraísos que no se pierden por olvido, sino porque fueron arrebatados. Otros se desvanecen en la profundidad de la experiencia moderna. La obra de Attia se sostiene sobre una concepción expandida de la memoria: un archivo vivo, tejido con fracturas, omisiones y sedimentaciones dispares. Sus trabajos activan una memoria en disputa, atravesada por el trauma colonial, la diáspora y las múltiples formas de resistencia y reapropiación. Desde esta visión, el artista franco argelino crea obras comprometidas que activan lo político desde la emoción, desde la densidad de lo sensible y desde la fuerza compartida de lo común.