En el contexto humanista del siglo XVI la razón y la espiritualidad convivían como fuerzas complementarias. El arte aspiraba a representar un equilibrio entre el cuerpo y el alma, y por tanto, entre la naturaleza y la idea. Hoy, en las prácticas contemporáneas, podemos encontrarlas en los muchos interrogantes que los artistas se plantean sobre la identidad, la tecnología, la ecología, el poder o el sentido de lo común. Por eso esta exposición realiza una lectura cruzada entre el tiempo que buscó la universalidad del saber y el que vive en la multiplicidad y la inmediatez.